Una señal de nuestros tiempos o cómo la Madonna Negra nos hace estremecer en el siglo XXI
Rev. Dr.Matthew Fox© 2006 Matthew Fox
(El Reverendo Fox, ex teólogo católico, fue excomulgado por intentar que la iglesia regresara a sus raíces panteístas.)
Todo arquetipo tiene su temporada. Van y vienen conforme a las necesidades más profundas, con frecuencia, inconscientes, de la psique individual y colectiva. Ahora regresa la Madonna Negra.1 Viene, no se va y nos llama para algo nuevo (y también muy antiguo). La última vez que la Madonna Nera representó una función importante en la cultura y psique occidental fue en el renacimiento del siglo XII, que según el gran historiador M.D. Chenu fue el “único renacimiento que funcionó en Occidente”.2 Funcionó porque era elemental. Y de este renacimiento nació de nuevo la universidad, la catedral y la ciudad misma. Trajo consigo la “resacralización” de la cultura y una visión que despertó a la juventud. En pocas palabras, fue la última vez que la diosa entró en la cultura occidental de manera importante.
En este ensayo, quiero referirme al arquetipo que la Madonna Negra despierta en nosotros y la razón por la que es tan importante para el siglo XXI. Pero antes, me gustaría compartir la historia de mi primer encuentro con la Madonna Negra.
Ese encuentro ocurrió en la primavera de 1968, cuando estudiaba en París e hice un viaje corto (el primero) a la Catedral de Chartres, que se encuentra a unos cincuenta y seis kilómetros de París. Aun cuando Chartres fue una gran sorpresa para mí por su sentido cosmológico, de humor, dignidad humana e inclusión de la vida, me detuve ante la estatua de la Madonna Negra y me hipnotizó. “¿Qué es? ¿Quién es?”, me pregunté. Se acercó una señora francesa y le pregunté sobre la estatua. Su respuesta fue: “¡Ah! Es una estatua que se ahumó por tantas veladoras que arden a su alrededor”, afirmó. No le creí. Me fijé bien y vi que no había un exceso de veladoras alrededor de la estatua.
La historia de ignorancia y racismo es antigua. Incluso los franceses más devotos han perdido el significado y la historia de la Madonna Negra y el racismo ha contribuido a esta negligencia. La Madonna Negra se encuentra por toda Europa (Sicilia, España, Suiza, Francia, Polonia, la República Checa) además de Turquía, África y en Asia, tanto en Tara, China, como Kali en la India. En México se llama Nuestra Señora de Guadalupe (conocida también como la Virgen Morena). ¿Qué hay en ella y por qué el interés de volver ahora la vista hacia ella?
Por definición, un arquetipo no es un solo concepto. Ninguna metáfora ni símbolo es una fórmula matemática literal. La Madonna Negra ha significado diferentes cosas en distintos periodos históricos y entornos culturales. Lo que me interesa explorar es por qué reaparece en nuestros tiempos y qué poderes trae consigo. ¿Por qué necesitamos a la Madonna Negra? Yo detecto doce dones que el arquetipo de la Madonna Negra ofrece a nuestros tiempos. Más que dones, son retos. Viene a sacudirnos, lo que, como veremos, es un antiguo cometido de Isis, la Madonna Negra.
1. La Madonna Negra es Oscura y nos llama a la oscuridad, que es un concepto al que debemos acostumbrarnos de nuevo, ya que el “Siglo de las Luces” nos hizo temer a la oscuridad y alejarnos de ella. Los interruptores de luz son ilusorios. Alimentan la noción de que podemos “dominar la naturaleza” (la falsa promesa de Descartes) y superar toda oscuridad con el tris de un dedo.
Meister Eckhart observa que “la raíz del alma es oscura”.3 Por lo tanto, evitar la oscuridad es vivir superficialmente, cortar nuestra raíz, nuestra profundidad. La Madonna Negra nos invita a la oscuridad y, por ende, a nuestra profundidad. Esto es lo que la mística llama el “interior”, la esencia de las cosas. Aquí radica la Divinidad. Aquí es donde yace el verdadero ser, donde se rompen las ilusiones y se encuentra la verdad. Andrew Harvey lo establece así: “La Madonna Negra es la Kali Madre trascendental, la matriz negra de luz de la que siempre surgen los mundos y en la que caen, la presencia detrás de todas las cosas, la oscuridad del amor y el adorable desconocido al que llega el hijo de la Madre cuando su iluminación es perfecta”.4 Nos llama a esa oscuridad, que es el misterio mismo. Nos estimula a que estemos ahí como en casa, ante la presencia del misterio profundo, negro e irresoluble. Según Harvey, ella es “la negrura del misterio divino, de ese misterio que festejan los grandes místicos apofáticos como Dionisio el Areopagita, que considera lo divino como siempre ignoto, misterioso, más allá de nuestros conceptos, oculto de nuestros sentidos en una luz tan deslumbrante que los registra como oscuridad”.5 Eckhart llama la oscuridad de Dios una “oscuridad superesencial, un misterio detrás del misterio, un misterio en el misterio al que no ha penetrado la luz”.6
Honrar la oscuridad es honrar la experiencia de las personas de color.7 Es lo opuesto al racismo. La Madonna Negra nos invita a rebasar los estereotipos, temores y proyecciones raciales y buscar lo oscuro.
2. La Madonna Negra nos invita a la cosmología, a un sentido de la totalidad del tiempo y espacio. Como es oscura y nos conduce a la oscuridad, la Madonna Negra también es cósmica. Es la gran Madre cósmica sobre cuyo regazo existe la creación. Ella abraza y nutre al propio universo, nos arranca violentamente de nuestro antropocentrismo y nos sitúa de nuevo en estado de honrar nuestras relaciones. Anuncia una etapa de cosmología, de nuestra relación con el todo (en griego, kosmos significa “todo”) en vez de meras partes, sean esas partes de naciones, etnias, religiones o particulares. Nos saca de la relación newtoniana con el ser y el mundo basada en partes (nuestro tribalismo) y nos devuelve a una relación con el todo. Como de hecho en nuestros tiempos heredamos una nueva cosmología, una nueva “historia universal”, el momento del regreso de la Madonna Negra no podría ser menos fortuito. Imparte la bendición de la cosmología nueva, un sentido de lo sagrado, al cometido de educar a nuestra especie en una nueva historia universal.8
3. La Madonna Negra nos llama a honrar nuestras chacras inferiores. Uno de los aspectos más peligrosos de la cultura occidental es el constante vuelo ascendente, su carrera hacia las chacras superiores (Descartes: “las ideas claras y distintas son verdaderas”) y su vuelo desde las chacras inferiores. La Madonna Negra nos lleva hacia abajo, a la primera chacra que incluye nuestra relación con el todo (como lo he explicado, la primera chacra recoge las vibraciones de sonidos del cosmos), nuestra sexualidad (segunda chacra) y nuestra rabia e indignación moral (tercera chacra). Especialmente en los tiempos modernos, la cultura europea ha intentado huir de todos estos elementos, tanto en religión como en la educación. La Madonna Negra no tolerará dichos vuelos desde la tierra, vuelos desde las profundidades.9
4. Como la Madonna honra la dirección descendente y las chacras inferiores nos llevan hasta ahí, honra a la tierra y representa la ecología y los problemas ambientales. Se le llama Madre Tierra por su simple presencia. La Madre Tierra es oscura y fecunda, siempre ocupada en dar vida. Igual lo es la Madonna Negra. Andrew Haravey dice: “La Madonna Negra también es la reina de la naturaleza, la que bendice y representa todas las ricas transformaciones fértiles de naturaleza externa o interna, del mundo exterior y la psique”.10 La Madre Tierra nutre a sus hijos y alimenta al mundo y les da la bienvenida a casa cuando mueren. Lo recicla todo.
La Madonna Negra nos llama a la revolución ambiental, a ver el mundo en términos de nuestra interconexión con las cosas y no nuestra presunción de dominar o mandar sobre la naturaleza (como si pudiéramos si lo intentáramos). Es una afrenta a los esfuerzos capitalistas de explotación de los recursos de la tierra, incluyendo la explotación de los pueblos indígenas que son quienes más tiempo han interactuado con ella de las formas más matizadas. La Madonna Negra ve las cosas en términos del todo y, por lo tanto, no tolera el abuso, la opresión o explotación de los muchos por el bien del engrandecimiento financiero de los pocos. Siempre aboga por la justicia a los oprimidos y las clases inferiores (a diferencia de las clases juristas). Nos insta a enfrentarnos a esos poderes que, de salirse con la suya, explotarían su belleza por una ganancia a corto plazo a expensas de una experiencia de la belleza de la que se privará a futuras generaciones. Es conservacionista, la que conserva la belleza, salud y diversidad. Además, si Thomas Berry está en lo correcto sobre que “la ecología es cosmología funcional”, entonces ser llamado a la cosmología es ser llamado a su expresión local de ecología. No se puede amar el universo y no amar la tierra. Y viceversa, no se puede amar la tierra e ignorar su matriz espacial y temporal: el universo.
5. La Madonna Negra nos llama a nuestras profundidades, a vivir espiritual y radicalmente en este planeta y no superficialmente, sin pensar ni recordar la gracia que nos ha instigado de tantas maneras. Las profundidades a las que nos llama incluyen las profundidades de admiración, asombro y encanto. La alegría misma es una experiencia profunda que necesitamos recuperar en nombre de la Madonna Negra. Nos pide entrar en las profundidades de nuestro dolor, sufrimiento y pena compartida, no escapar de ella ni ocultarla con una miríada de adicciones que van de las compras a las drogas y el alcohol, el deporte y la religión superficial. Nos llama a las profundidades de nuestra creatividad y acoger las imágenes que nacen en y través de nosotros. Y nos llama a las profundidades de la transformación, de la justicia social, económica, de género, racial y ecológica y la lucha que debe mantenerse para ser solidarios con los oprimidos de cualquier clase. Nos llama a las profundidades de nuestra psique que, como dice Meister Eckhart, son “oscuras” y a las profundidades de la tierra, que seguramente son oscuras, y a las profundidades del cielo que también han sido redescubiertas por su oscuridad. Abundan los hoyos negros en el espacio, así como en la extensión misteriosa de nuestra alma. Tenemos que explorarlos, son muy fecundos y tienen mucho que enseñarnos.
6. La Madonna Negra nos llama a nuestra Divinidad, que también es nuestra Creatividad. Primero, nuestra Divinidad. Como es una diosa, la Madonna Negra habita en todos los seres. Es la presencia divina dentro de la creación. Nos llama al interior, al “reino/reinado de Dios” en el que podemos crear junto con la Divinidad y sentir el torrente del soplo sagrado o espíritu de la Divinidad. Pero llamarnos a la Divinidad es llamarnos a nuestra responsabilidad de dar a luz.
Si Carl Jung está en lo correcto cuando dice que la creatividad proviene “del reino de las madres”, entonces la Madonna Negra, que seguramente es un reino de las madres, nos llama a la creatividad. Ella no espera de nosotros más que la creatividad. El suyo es un llamado para crear, un llamado para echar a andar la imaginación. ¿Qué puede lograr nuestra imaginación colectiva sino llevarnos más allá de nuestra dependencia energética de combustibles fósiles a una era energética autosuficiente basada en combustibles solares, renovables y limpios? ¿Qué puede reinventar una educación de la creatividad sino aprender para que la alegría, maravilla y seducción del aprendizaje desplace a nuestros sistemas educativos deficientes y aburridos? ¿Qué más si no la imaginación moral nos puede llevar más allá de la creciente división entre las naciones materialmente empobrecidas y las naciones hartas pero pobres de espíritu?
La Madonna Negra anunciaría una etapa en la que cada vez más artistas tendrían buenos encargos, prosperarían con los buenos encargos y despertarán de nuevo el alma humana a través de la imaginación moral y política.11
7. La Madonna Negra nos llama a la Diversidad. No hay imaginación sin diversidad: la imaginación es convocar elementos dispares al alma y la cultura para que las nuevas combinaciones puedan hacer el amor y dar a luz a seres nuevos. Como la Madonna es negra, se refiere a la fobia fundamental de la raza y las diferencias de color y cultura que acompañan a la diversidad racial y étnica. Meister Eckhart dice: “Todos los nombres que le damos a Dios provienen de entendernos a nosotros mismos”.11 Darle a Dios el nombre de “Madonna Negra” es honrar el color negro y a todas las personas de color y acabar con una blancura excesiva del alma y la cultura. También es honrar a la feminidad. La Divinidad es diversa. Diversa en color y diversa en tradiciones y diversa en género. Dios como Madre, no sólo como Padre. Dios como Dador de vida, no sólo como Engendrador. La diversidad sexual se honra a través de la Madonna Negra y, por lo tanto, también la preferencia sexual. La Madonna Negra, la Gran Madre, no es homofóbica. Le da la bienvenida a la diversidad de preferencias sexuales que también forman parte de la creación, humana y cada vez más humana (a la fecha, hemos contado cincuenta y cuatro especies de aves y mamíferos que tienen poblaciones homosexuales importantes. Se ha refutado la idea medieval de que la homosxualidad va “en contra de la naturaleza”: Una minoría homosexual también es parte de la naturaleza).
John Boswell, en su tesis revolucionaria titulada Christianity, Social Tolerance and Homosexuality, demostró que en el siglo XII, el siglo que dio a luz al gran renacimiento y a la Madonna Negra en Francia, rechazaba la homofobia. Durante 125 años (que fueron los años más creativos de la civilización occidental) se aceptó la diversidad en todos los niveles sociales.13 La creatividad prospera en la diversidad.
8. La Madonna Negra nos llama a la Aflicción. La Madonna Negra es la madre dolorosa, la madre que derrama lágrimas por el sufrimiento del universo, el sufrimiento del mundo, la ruptura de nuestro corazón cada vez más vulnerable. En la tradición cristiana, sostiene en su regazo al Cristo agonizante, pero este Cristo representa a todos los seres, es el Cristo cósmico y no sólo el Jesús histórico que ella abraza, si bien todos los seres sufren y la Madonna Negra, como la Gran Madre, lo sabe y se compadece de nuestro dolor. Nos abraza como una madre tierna, pues la compasión es su regalo especial al mundo. Nos invita a entrar en nuestra aflicción, llamarla y permanecer ahí para aprender lo que el sufrimiento nos ha enseñado. Si no se le presta atención a un corazón afligido, no puede haber creatividad ni nacimiento. La creatividad vuelve a desencadenarse sólo cuando se sufre una aflicción. La aflicción es un vacío, es abrir de nuevo la matriz para que haya un nuevo nacimiento. Una cultura que sustituya con adicciones la aflicción es una cultura que ha perdido el alma y la matriz. No dará a luz más que dolor y abuso y mal uso de los recursos. Será un sitio en el que reine el desperdicio y en el que la misma Divinidad se desgaste, olvidada en el corazón y la imaginación de las personas.
Andrew Harvey escribe sobre cómo la Madonna Negra ofrece “una fuerza protectora inmensa, un poder alquimista de transformación inmenso en la aflicción y alegría y una inspiración inmensa para el servicio compasivo y acción en el mundo”. También es “la reina del infierno” o la “reina del inframundo ... esa fuerza de amor místico de sufrimiento puro que aniquila al mal desde su raíz y engendra al niño Cristo en la base del alma aunque arda el mundo”.14 Contiene en ella los aspectos constructivo y destructivo.
Afligirse es entrar en lo que Juan de la Cruz llamó en el siglo XVI la “noche oscura del alma”. Nos dice que no huyamos de esta noche oscura, sino que permanezcamos allí para aprender lo que la oscuridad tienen que enseñarnos. La Madonna Negra no huye de la oscuridad del espíritu ni del alma que a veces nos rodea. Nos invita a no escapar del dolor y el sufrimiento. Matilde de Magdeburgo escribió en el siglo XIII sobre esta oscuridad de la siguiente manera: “Llega un momento en el que el cuerpo y el alma entran en una oscuridad tan inmensa que uno pierde la luz y la conciencia y no sabe más de la intimidad de Dios. En dicho momento, cuando se apaga la luz del farol, ya no se puede ver la belleza del farol. La añoranza y la angustia nos recuerdan nuestra insignificancia ... estoy tan acosada, atrapada, ligada, herida, que nunca podré sanar. Dios me hirió hasta casi matarme”.15 Matilde no huye, se queda y aprende. “Dios contestó: ‘Quiero ser siempre tu médico y sanar todas tus heridas. Si soy Yo quien permite que estés tan mal herida, ¿acaso no crees que te sanaré amorosamente en ese mismo instante?”16 ¿Qué aprendemos de esta oscuridad del alma y espíritu? “Del sufrimiento he aprendido: Que quien se sienta herido por amor, nunca estará completo a menos que abrace ese mismo amor que le hirió”.17
9. La Madonna Negra nos llama a celebrar y bailar. Aun cuando la Madonna Negra, como la madre dolorosa, derrama lágrimas por el mundo, no se deleita en su dolor, no permanece ahí para siempre. Más bien, es una madre alegre, una madre feliz de ser y haber compartido con tantas otras criaturas. A cambio, espera alegría. La celebración de la vida y sus placeres yacen en la base de su razón de ser. Espera que tomemos la alegría de sus tantos placeres, que disfrutemos sus frutos. La sofía o sabiduría de las Escrituras le canta a este elemento de placer y Eros, al profundo y apasionado amor a la vida y todos sus dones.
Como canela y caña aromática he dado mi perfume,como mirra selecta he derramado aroma...Vengan a mí los que me desean,y sáciense de mis frutos,Porque mi recuerdo es más dulce que la miel,mi herencia más dulce que los panales.Los que me comen, tendrán más hambre,Los que me beben, tendrán más sed.Quien me obedece no quedará decepcionado (Eccl. 24.15, 19-22)
La celebración es parte de la compasión. Como dice Meister Eckhart: “Lo que le ocurre a otro, sea alegría o tristeza, me ocurre a mí”. La celebración es el ejercicio de nuestra alegría en común. El elogio es el ruido que hace la alegría. Ella no dio a luz a su Hijo Divino por cualquier nombre en vano. Ella escoge a los niños, la vida, Eros y la biofilia. Es una amante de la vida por excelencia. Espera que nosotros, sus hijos, seamos iguales.
10. La Madonna Negra nos llama a nuestra Divinidad, que es la Compasión. La Compasión es lo mejor de lo que nuestra especie es capaz. También es el nombre secreto de Divinidad. No hay tradición espiritual oriental ni occidental, del norte ni del sur, que no exista para educar a sus hijos en la compasión. “Maat” es el nombre de justicia, armonía, equilibrio y compasión de los pueblos africanos. La Madonna Negra nos llama a Maat. A tener un equilibrio, armonía, justicia y compasión. Afligirse, celebrar y actuar con justicia son parte de la compasión. Tanto en árabe como en hebreo, la palabra compasión proviene de la palabra “matriz”. Un periodo patriarcal no enseña compasión, ignora las energías uterinas de nuestro mundo y especie. Si menciona la compasión es para banalizarla y reblandecerla (por ejemplo, el diccionario Webster declara que la idea de que la compasión es una relación entre iguales es “obsoleta”). El patriarcado rechaza lo que Meister Eckhart sabía y enseñaba: “Compasión significa justicia”.17 La compasión tiene un lado que no es blando, que no se refiere al sentimiento sino a las relaciones de justicia e interdependencia. Como la Madonna Negra es la diosa que habita en lo más profundo y oscuro de los seres, incluidos nosotros, trae consigo nuestra capacidad de compasión. No somos un todo –no somos nosotros- hasta que formamos parte de la cadena de la compasión. Meister Eckhart enseñó que el nombre del alma humana propiamente es “Compasión” y que hasta que hagamos no un compromiso con la compasión, no tendremos alma.19
La compasión sabe cuándo es suficiente: la compasión no es demasiado indulgente; la compasión no acapara ni se acaba la vida en adicciones de inseguridad ni levanta pirámides para superar estas adicciones. La compasión confía en que la vida y en última instancia en el universo proporcionan lo necesario para nuestro ser. Pero la compasión opera como otro creador con el universo para ver que se logre un equilibrio y justicia básica entre los seres. La compasión está presente en la esencia misma de la Madonna Negra, pues “el primer arranque de todo lo que hace Dios (y Diosa) es la compasión” (Eckhart). Regresar a la compasión es regresar a la Diosa.
El historiador cultural y feminista Henry Adams escribe sobre el papel de María en la Catedral de Chartres del siglo XII. “El dominio convulsivo que a la fecha ejerce María sobre la imaginación humana (como se observa en Lourdes) no se debió tanto a su poder de salvar almas o cuerpos, sino a su simpatía con las personas que han sufrido por la ley, justa o injustamente, por accidente o designio, por decreto de Dios o astucia del Diablo”.20 Adams entiende a María como el elemento budista del cristianismo porque para ella, al igual que para Buda, la primera de todas las virtudes es la compasión. “Para Kwannon, Divinidad de la Misericordia, y María Madre de Dios, la compasión incluía la idea de una contemplación de dolor”.21 Sólo la Gran Madre podría ofrecer la compasión que necesita la dolorosa condición humana.
La Madre misma fue humana, imperfecta y podía amar; ella sola era Favor, Dualidad, Diversidad. En cualquier forma concebible de religión, la dualidad debe encontrar una personificación en alguna parte y en la Edad Media, lógicamente, se insistía en que, como no podía formar parte de la Trinidad, junta o separada, debía ser en la Madre. Si la Trinidad era esencialmente la Unidad, la Madre misma podría representar cualquier cosa que no fuera la Unidad; lo que fuese irregular, excepcional, proscrito; y todo esto era la raza humana.22
Ella estaba más allá de la ley. Era una amiga de los proscritos que atraía a las masas que “anhelaban un poder superior al de la ley o superior a la masa rebuscada de ignorancia y absurdo que porta el nombre de la ley”.23 Este poder debía ser más que humano. Era necesaria la diosa.
La Madonna Negra, la diosa, ofrece el vientre del universo como el regazo cósmico en el que se reúnen todas las criaturas. Un himno antiguo dedicado a Isis acentúa su función cósmica como soberana de la naturaleza y reina de todos los dioses y diosas.
Soy la Naturaleza, la Madre universal, la señora de los elementos, la hija primordial del tiempo, soberana de todo lo espiritual, reina de los muertos, reina también de los inmortales, la manifestación única de todos los dioses y diosas. Mi cabeza gobierna las alturas resplandecientes del Cielo, las brisas de todos los mares, los silencios lamentables del mundo inferior.23
Cuánto se parece este antiguo himno de Isis a un poema del siglo XII para la diosa cristiana María. Alano de Lille escribió el poema siguiente sobre la Naturaleza en el siglo XII:
Oh, hija de Dios y Madre de las cosas,Que con tu nudo firme unes al mundo,Joya encontrada en todo que a la tierra perteneceY espejo de lo que feneceEstrella de la mañana de nuestra esfera;Paz, amor, poder, régimen y fuerza,Orden, ley, fin, sendero, guía y origen,Vida, luz, gloria, belleza y forma,¡Reina, oh, de nuestro mundo!25
Lo interesante es que Alano de Lille habla de la “Madre de las cosas” como un “nudo firme” y la Thet, que es un símbolo importante de Isis, también se entiende como un nudo.26 Jugamos en su regazo cósmico, donde topamos unos con otros y buscamos el equilibrio, Maat y la justicia.
La Madonna Negra es el Trono de la Compasión, el regazo Divino. Es el significado del nombre “Isis” e Isis es la diosa africana que nos regaló a la Madonna Negra en Éfeso, Turquía y a través de España y Sicilia directamente a Europa occidental. De hecho, ciertos pasajes de los Evangelios cristianos, como las narraciones del nacimiento, que evidentemente no son históricas sino relatos del Cristo Cósmico, son pasajes sacados de historias sobre Isis y su hijo, Horus. Sir Ernest A. Wallis Budge, ex guardián de las antigüedades egipcias y asirias del Museo Británico, escribió:
Las imágenes y esculturas que la representan amamantando a Horus dieron origen a las pinturas cristianas de la Madona y el Niño. De acuerdo con los registros de los evangelios apócrifos, varios incidentes de los viajes de la Virgen con el Niño en Egipto reflejan escenas de la vida de Isis … y muchos rasgos de Isis, la madre de Dios, la madre de Horus ... son idénticos a los de María, la Madre de Cristo.27
11. La Madonna Negra nos llama al renacimiento de la cultura, la religión y la ciudad. Isis con frecuencia lleva puesto un tocado real que simboliza su nombre como significado de “trono” o “reina”. Erich Neumann se ha referido a Isis en sus escritos como “Trono”.
Como madre y mujer de la tierra, la Gran Madre es el “trono” puro y simple y, característicamente, la disposición maternal de la mujer no sólo radica en la matriz, sino también en la amplia expansión de los muslos de la mujer cuando se sienta, su regazo en el que el recién nacido se sienta en el trono. Ser llevado al regazo es como ser llevado al seno, una expresión simbólica de adopción del niño, así como para el hombre, por la Feminidad. No es ningún accidente que la gran Diosa Madre de los primeros cultos se llamara Isis, el “asiento”, “el trono”, el símbolo del que lleva en la cabeza; y el rey que “toma posesión” de la tierra, la Diosa Madre, lo hace sentándose en ella en el sentido literal de la palabra.28
El renacimiento del siglo XII fue muy consciente de la función del “trono” y la diosa, En latín, “trono” se dice “catedra”. La iglesia medieval dio origen a las catedrales (se construyeron más de 125 del tamaño de Chartres) y cada una dedicada a María con advocaciones como Nuestra Señora de Chartres, Nuestra Señora de Lyons, Nuestra Señora de París, etc. Se construyeron más de 375 iglesias del tamaño de estas catedrales dedicadas también a María. En muchas de estas catedrales, se encuentra incluso a la fecha una estatua de la Madonna Negra. Una catedral por definición significaba el trono en el que se sienta la diosa para gobernar el universo con compasión y justicia para los pobres. El antropocentrismo, clericalismo y sexismo han inventado sumariamente que catedral significa “el lugar en el que el obispo tiene su (normalmente su) trono”: mentira. La catedral está diseñada para ser el centro de la ciudad, pues llevar a la diosa al centro de la ciudad es dar vida ala ciudad con las energías y valores de la diosa. Las ciudades nacieron en el siglo XII con la ruina de la economía agrícola y el sistema religioso y político de la época feudal. Los jóvenes huyeron a las ciudades, donde la economía se reinventó independientemente de la institución monástica que gobernó durante ocho siglos y en las que la educación se inventó a sí misma aparte del sistema educativo monástico rural en la forma de universidades. Se reinventó el culto en la catedral de la ciudad y de forma independiente de la práctica litúrgica monástica del campo.
Hoy en día, por primera vez en la historia humana, más de la mitad de los seres humanos viven en ciudades. Para 2015, más de dos tercios de los seres humanos (la mayoría de ellos jóvenes) vivirán en ciudades. La Madonna Negra y el motivo de “trono como diosa” contribuyen a la resurrección de nuestras ciudades. Nos brindan un centro, un centro cósmico, una síntesis y unidad y una energía vital a través de la cual podemos salvar a nuestras ciudades y recuperarlas de la falta de vida y de Tánatos. Los artistas se reúnen en una ciudad. La celebración y el ritual ocurren en una ciudad. La naturaleza y la naturaleza humana se congregan en una ciudad. No es de sorprender que Meister Eckhart y demás místicos del medioevo celebraran al alma humana como ciudad y viceversa. La tarea de un renacimiento es devolverle el alma a la ciudad. Quizá incluso podríamos definir renacimiento como el “renacer de las ciudades por iniciativa espiritual”.
12. La Madonna Negra nos llama a reinventar la educación y el arte. La diosa también gobernó en la universidad, era la “Reina de las ciencias” y la “señora de todas las artes y ciencias” que “no temía a ninguna de ellas y no hacía nada, jamás, para impedir su crecimiento”.29 Todo aprendizaje había de culminar en ella. No sólo era conocimientos, sino que también era la sabiduría. El renacimiento que representaba la Madonna era religioso y educativo.
Con frecuencia el tocado de Isis representa a la luna llena entre cuernos curvos y tiene la forma de un instrumento musical, el sistro, que los egipcios tocaban en honor a ella. Plutarco afirmó que el propósito del sistro, que es una especie de sonaja, era que “todo lo existente necesitaba sacudirse o hacer resonar ... agitarse cuando se adormecen y entorpecen”. 30 La Madonna Negra agita todo. ¿Acaso no es un arquetipo de nuestros tiempos? ¿Acaso no es ella una portadora de un renacimiento que viene a dar un nuevo nacimiento a una civilización, un nacimiento basado en una nueva esencia de la espiritualidad, la cosmología y el aprendizaje, un aprendizaje que nos despierta de nuevo en nuestro lugar en el universo? ¿Cómo el trabajo en el mundo será inteligente, opuesto al abuso sin inteligencia? ¿Cómo pasará el alma humana del conocimiento a la sabiduría sin el empeño que da la diosa? ¿Sin un equilibrio verdadero entre hombre y mujer, corazón y mente, cuerpo y espíritu en todas las fases de la educación, de la infancia a los títulos profesionales? ¿Cómo habrá un renacimiento si se deja a un lado la educación? ¿Qué función representará el arte cuando el artista también deje la opresión interna de la era moderna y se comprometa de nuevo a servir a la comunidad y a la comunidad mayor de sustentabilidad ecológica?31
Tales son las preguntas que suscita el retorno de la Madonna Negra en nuestros tiempos y que piden una respuesta. Piden oídos que las escuchen e intuiciones atentas, la autocrítica de las naciones, gobiernos, corporaciones, academias, religión, leyes, profesiones de todo tipo convocadas a algo nuevo (y muy antiguo): una nueva relación entre la tierra y los seres humanos; de reciprocidad, no de dominio; de alegría y maravilla, no de aburrimiento. Una relación que honre nuestras relaciones. Para que ocurra lo anterior, debe darse una sacudida a nuestras jaulas y mentalidad modernas. La Madonna Negra nos ofrece esa sacudida... todavía... después de todos estos siglos.
NOTAS
1 Véase por ejemplo, China Galland, Longing for Darkness: Tara and the Black Madonna, Nueva York, Viking, 1990.2 Véase M. D. Chenu, Nature, Man and Society in the Twelfth Century, Chicago, University of Chicago Press, 1957, capítulo 1.3 Matthew Fox, Meditations with Meister Eckhart, Santa Fe, Bear & Co., 1982, p. 42.4 Andrew Harvey, The Return of the Mother, Berkeley, Frog, 1995, p. 371.5 Loc. cit.6 Fox, op. cit., p. 43.7 Véase Eulalio R. Baltazar, The Dark Center: A Process Theology of Blackness, Nueva York, Paulist, 1973.8 Véase Brian Swimme y Thomas Berry, The Universe Story, San Francisco, Harper San Francisco, 1992, y Brian Swimme, The Hidden Heart of the Cosmos, Maryknoll, Orbis Books, 1996.9 Para una exposición más completa de las chacras, véase Matthew Fox, Sins of the Spirit, Blessings of the Flesh, Nueva York, Harmony, 1999, pp. 94-116; 167-327.10 Harvey, op. cit., p. 371.11 Cf. Suzi Gablik, The Reenchantment of Art, Nueva York, Thames and Hudson, 1991.12 Fox, op. cit., p. 42.13 John Boswell, Christianity, Tolerance and Homosexuality, Chicago, University of Chicago Press, 1980.14 Harvey, op. cit.,, pp. 372s.15 Véase Woodruff, Meditations with Mechtild of Magdeburg, Sante Fe, Bear & Co., 1982, pp. 60s, 64s. 16 Ibíd., 68.17 Ibíd., 69.18 Fox, op. cit., p. 103.19 Matthew Fox, Passion For Creation: The Earth-Honoring Spirituality of Meister Eckhart, Rochester, Inner Traditions, 2000, p. 442.20 R. P. Blackmur, Henry Adams, Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich, 1980, p. 203.21 Loc. cit.22 Ibíd., p. 204.23 Ibíd., p. 203.24 Eloise McKinney-Johnson, “Egypt’s Isis: The Original Black Madonna”, en Journal of African Civilizations, abril de 1984, p. 66.25 Chenu, op. cit., p. 19.26 Véase McKinney-Johnson, op. cit., p. 71.27 Ibíd., p. 67.28 Ibíd., p. 68.29 Blackmur, op. cit., p. 206.30 Véase McKinney-Johnson, op. cit., p. 71.31 Véase Gablik, loc. cit.